jueves, diciembre 13, 2007

Despídete

Mi abuela había enfermado dos semanas atrás. Sus hijos y demás familiares habían sugerido todos los remedios caseros habidos y por haber, pero eran solo paños de agua tibia. Finalmente y en vista de que no había mejoría evidente la internaron en la clínica.

Pasaron dos semanas más. Yo lo presentía. Tal vez por eso había evitado el momento de tener que despedirme sin quererlo; no, no era indiferencia. Mi mamá me hacía la lista de los que pasaban diariamente por su habitación e insistía en que yo fuera. A regañadientes tomé la decisión, a la salida de mi clase de Máquinas y Herramientas, con el morral lleno de libros y con el calor de las 3 de la tarde que me hacía sudar y que hacía tambalear mi determinación, llegué a la clínica.

Ella me esperaba. Me llamó con aquella frialdad con la que lo hizo en sus últimos años: "don Fabián". Sin embargo logré sentir su calor, con los pequeños favores que me pidió aquella tarde alivianó mi culpa por no visitarla en su casa con la frecuencia de antes. Con sus profundos ojos claros me dió la más significativa de las miradas que alguna vez recibí. Ahora podría irse a descansar.

Justo antes de irme llegó el médico a comunicarle la noticia a la familia: cáncer. Todo fue confusión: unos se abrazaban, otros se sentaban, otros simplemente se alejaron a llorar donde nadie los viera. Y yo en el medio, como un extraño que va pasando por allí y no se conmueve ante la desgracia ajena. Pero es que yo lo presentía.

Llegó el momento. Hora de decir adiós. ¿Cómo disimular cuando sabes que va a suceder lo inevitable? No es posible. Y mis palabras me delataron: "Chao abuela, en estos días vuelvo a despedirm... a saludarla". Salí de la habitación, pero no lloré hasta que no hube dejado la clínica.

A la noche siguiente mi mamá, que pasó todo el tiempo que podía junto a ella, nos llamó: había muerto la abuela.

Esto ocurrió hace seis años.

Hoy regresé a la clínica donde ella esperó hasta que el último miembro de la familia que hacía falta por visitarla lo hiciera: don Fabián.

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