sábado, septiembre 06, 2008

El poder del compromiso

Estaba pensando que cuando uno se compromete con uno mismo ya sea a cambiar, a llevar a cabo un proyecto o simplemente a cambiar sus hábitos, pues no siempre cumple. "Uno mismo" parece ser un personaje muy flexible que acepta las cosas como vengan y nunca exige más de lo debido. Tampoco reclama porque no se han obtenido los resultados esperados o porque el cronograma se ha retrasado. Pero eso sí, cuando llega la hora del balance final, "uno mismo" se convierte en el juez más desalmado que pueda existir, culpando a "sí mismo" de la responsabilidad por el fracaso y repartiendo acusaciones a diestra y siniestra.


Por eso es que "uno mismo" no puede ser juez y parte.


Muchos odian o temen comprometerse con terceros, por ejemplo en el trabajo o en una relación sentimental. Y es precisamente porque se pierde esa flexibilidad, ya no se puede decir "yo llevo las riendas de mi vida", si no que se está sujeto al juicio del otro. Y nos da pánico escuchar los reproches que vienen del exterior, sin darnos cuenta de que el juez implacable está es en el interior. Difícilmente alguien te pueda decir de frente frases como "eres un fracaso", o "no lo lograste"; cosas sí se le escuchan con más frecuencia a "uno mismo".


Así, la próxima vez que se comprometa, no lo dude. A veces se pone más empeño en no fallarle a los demás que en no defraudarse a sí mismo. No debería ser así, pero es como la mente de algunos funciona.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Uno queda decepcionado de uno mismo, sabiendo que uno mismo se llevó a ese estado. Ahora, no siempre es así, porque también otros ayudan a mover la voluntad.

Yo tengo un problema gigante con eso del compromiso sentimental. Gigantesco. Y no me quiero lanzar. Como le decía a alguien con el que no llevo algo serio, tiene que ser muy fuerte lo que pase para que mi compromiso sea fuerte también. No le creo a casi nada.

Pala Labra dijo...

¡¡Uno es el peor cliente!!
Tienes razón, lo más difícil es cumplirse a sí mismo. La vida se le va a uno poniéndose metas y después sintiéndose mal por no cumplirlas.
Un abrazo.

Ŧabián dijo...

Pepa: te entiendo, y es que yo no estoy diciendo que el compromiso sea fácil, sino que a veces ayuda para que la voluntad de hacer lo correcto o de avanzar sea más fuerte que el ocio o las actividades que no conducen al objetivo. Mejor dicho, da más pena quedarle mal al otro que incumplirse a sí mismo.

Pala Labra: por eso mi propuesta de comprometerse, como dije arriba, sino te da pena fallarte, al menos que te de pena fallarle al otro. Sé que no está bien, pero yo funciono así.

Gracias por sus comentarios, vuelvan pronto.