miércoles, diciembre 10, 2008

Des-tecnologizado

Yo siempre he llegado tarde a la tecnología, por muchos motivos. Muchas veces es porque el dinero no alcanza y primero hay que cubrir las necesidades básicas. Otras veces es porque los electrodomésticos que tenemos se cuidan mucho y todavía funcionan bien, así que para qué cambiarlos. En otros casos es porque no sentimos la necesidad de arquirir ciertos artículos "de lujo", que aunque harían la vida más fácil, no son de primera necesidad. Puedo poner varios ejemplos: tengo un televisor y una lavadora que tienen más de 25 años, no tuvimos VHS hasta 1996, no tenemos microondas (porque no nos hace falta), mi primer (y último) CD lo compré en 1999, mi primer computador lo conseguí en 1998, tuve acceso a internet en casa apenas en 2002 (banda ancha hace un año), y el último videojuego que tuve fue un Creation, por allá en 1994. Curioso, ¿no?. Especialmente teniendo en cuenta que hoy en día los niños nacen con una laptop debajo del brazo.

Pero me quiero centrar en un ítem específico: el celular. En Colombia, los primeros teléfonos celulares comerciales salieron como en 1998, pero la masificación comenzó por allá en 2001-2002, con su máximo apogeo en 2004, con la entrada en la competencia del viejo OLA como tercer operador de telefonía móvil del país.

Personalmente siempre me rehusé a comprar uno con el argumento de no correr el riesgo de ser encontrado en cualquier lugar, lo cual es más paranoia que otra cosa, al menos en mi caso. Eso sin tener en cuenta el factor económico, pues por mucho tiempo la falta de ingresos no me permitió sostener un gasto de esos. Pero claro, no faltaban las quejas de quienes en algún momento me llegaban a necesitar, porque no encontraban manera de ubicarme. Además, en ocasiones daba pena que me pidieran mi número, y salir con un "no tengo".

Bueno, hace apenas tres años me decidí a comprarlo, aprovechando una época de bonanza económica y con la motivación de la época decembrina. Pero me prometí no dejarme llevar por el impulso consumista y ser racional en el gasto, para no caer en eso que siempre odié: la gente que moría cuando se le acababan los minutos, como si les hubieran cortado un brazo.

¿El resultado? Véalo usted mismo:

(mi cámara está prestada, disculpen la pobre resolución)

Y no es que yo hable mucho, no. De hecho, odio hablar por teléfono, llega un momento en el que me quedo callado sin saber que más decir. Incluso al principio llegué a dejar perder la mitad del saldo porque no hablaba lo suficiente. Así y todo me he gastado por lo menos $375.000 (unos US$ 160) en tres años (creo que un poco más, alguna tarjetita se debe haber escapado). Claro, he hecho algunas llamadas internacionales (unas necesarias y otras que no tendría que haber hecho) que han inflado un poco mi consumo. No quiero imaginar lo que se puede llegar a gastar una persona que en verdad lo use.

Es mi eterno dilema entre seguirle los pasos a la sociedad de consumo, o conservar la cordura y apegarme a la decisión de vivir con lo necesario.

PD. Si acaso alguien se pregunta porqué las guardé, era porque sabía que algún día las iba a contar y diría: "mierda".

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo gracioso realmente es que las guardes!!! Yo tengo la costumbre de botarlas apenas recargo :P

Y yo antes tenía el ritmo de la tecnología. Ahora solo me defiendo, porque hay cosas que ni idea. Aún así, ayer me compré un nuevo juguete: una lumix de 8 megapixeles. :D Jejeje.

Ŧabián dijo...

No tienes ni idea de las cosas que yo guardo. Al final todo se convierte en basura, pero es divertido.

Que envidia, yo también quiero renovar mi cámara.

Saludos!

Pala Labra dijo...

Bueno, entiendo tu punto de vista, yo tampoco soy muy fan de la tecnología. Compré mi primer celular cuando la época Ola, y ese me duró como 3 años. Era muy sencillo, y ahora tengo otro también con lo básico: llamar y recibir llamadas. No necesito nada con cámaras ni rayos láser ni nada de eso...

Creo que no debemos dejarnos llevar por el consumismo, en el sentido de comprar más y más cosas porque sólo porque son nuevas o están de moda... pero el celular como tal, el básico, ya es una necesidad. Me alegra que todavía haya gente que piensa antes de comprar. Y me encanta tu colección de tarjetas.

Un abrazo!