martes, febrero 24, 2009

Un montón de cosas

- Debo decir que estoy contento: nunca hasta el día de hoy, mi familia había logrado alcanzar un objetivo que todos desearamos y en el cual todos participáramos activamente. Es satisfactorio, y aunque quedaron los bolsillos vacíos, el sacrificio se vió recompensado.

- Los círculos deben cerrarse: son increíbles las oportunidades, proyectos y actividades que uno deja escapar porque existe un GRAN objetivo pendiente que, aunque no estés trabajando en él tanto como deberías, te obliga de manera silenciosa a no disponer para otras cosas del tiempo que le correspondería. Es como si tuvieras las manos y los pies amarrados y te ponen un plato de comida en frente: te logras desamarrar las manos y ya puedes comer, pero algo te dice que no está bien dejarte los pies atados; al final ni te los desatas ni comes. No es un buen ejemplo, pero es el mejor que se me ocurre.

- Mi más sicero respeto para todos los trabajadores del sector de la construcción: es un oficio desgastante. No puedo decir que lo viví en carne propia, estaría alardeando si lo dijera, pero sí realicé por estos días actividades relacionadas y debo decir que fue extenuante. Claro, todo se vió magnificado por lo deplorable de mi condición física.

- Una buena forma de darse cuenta de que uno ha cambiado, es hacer una recolección y selección de papeles guardados: te encuentras con cosas que alguna vez te gustaron o con las cuales te identificaste al leerlas, pero ahora no sabes por qué.

- La vida sin televisión es posible: después de unos días de algo que podría calificar como "síndrome de abstinencia", te deja de hacer falta y se convierte en una actividad ajena a tu cotidianidad. Tanto así que cuando regresa la posibilidad de acceder a ella, la rechazas. En algún momento volveré a caer en el hábito, pero por ahora disfruto de la libertad.

- Lo que sí extraño es escribir: parece mentira pero a pesar de que nunca escribí con mucha frecuencia siempre me descubría pensando un día cualquiera en un tema para un post. La imposibilidad de acceder a la internet por un tiempo (o de tener la privacidad suficiente) no cambió este nuevo hábito en mí, más bien lo intensificaba.

- Quienes se refugian en la "comunidad virtual" para atenuar su soledad están engañados: la prueba está en que desapareces un tiempo y no le tienes que dar explicaciones a nadie sobre tu ausencia. Eso, aunque un poco descorazonador, es lo más sincero.

- A veces lo que mejor puede uno hacer es olvidar: olvidar amores, olvidar dolores, olvidar buenos tiempos, olvidar canciones, olvidar anhelos, olvidar tristezas y hasta alegrías. Lo malo es cuando alguno de ellos te persigue, impidiéndote el disfrute de la vida. Entonces solo queda ignorar o sufrir, que al final de cuentas viene a ser lo mismo.

1 comentario:

Pepa Papanatas dijo...

Bueno lo de la familia suena bien. Me alegra mucho eso. :)