jueves, marzo 12, 2009

Ambición

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define la ambición como el "deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama".

Está instalado en la humanidad el pensamiento colectivo de que la ambición es mala, que muchas injusticias, faltas a la ética y hasta crímenes se cometen en su nombre y que quienes tienen ese deseo en su mente son individuos en quienes no se puede confiar.

Yo siempre he presumido de ser una persona sin ambiciones. Suena mal, pero remitiéndonos al significado estricto de la palabra, uno podría decir que eso está bien: una persona sin ambiciones tendría la cualidad de ir por la vida sin la necesidad de llevarse a todos por delante en busca de su propio beneficio. Al menos eso es lo que yo entiendo como la consecuencia directa de ser el dueño de un "deseo ardiente".

Por otro lado está lo que la gente llama un "Proyecto de Vida". Según lo que a todos nos enseñaron en las convivencias y en los retiros espirituales (al menos los que estudiamos en colegio de curas), un Proyecto de Vida es el plan que tu haces para conducir precisamente tu vida hacia el rumbo que tú mismo elijas.

Debo decir que yo nunca tomé en serio ese asunto, con el argumento o el pretexto, no lo sé, de que si uno se ataba a un único camino por seguir, eran muchas las posibilidades que dejaba sin aprovechar. Así que decidí ir tomando las decisiones en el camino, dejando abierta la ventana para todas las opciones que se me presentaran. Supongo que también era un mecanismo de defensa anticipando la frustación que genera en casi todos no obtener lo que se planeó.

Y llegamos al meollo del asunto. ¿Qué es lo que todos buscamos en la vida? En una palabra: comodidad. El dinero, el trabajo, la salud e incluso el poder que buscamos tienen como fin último proporcionarnos comodidad. - Bueno, hay otras almas más evolucionadas (o no) que no buscan la comodidad propia sino la del otro, pero ellos no caben dentro de éste análisis. - El real problema es que puede llegar un momento en la vida, si eres muy afortunado, en que encuentras la comodidad que buscabas, especialmente si tus expectativas eran bajas, especialmente si no tienes ambición.

Y he aquí que ya nada te entusiasma, luchar por algo más parece no tener sentido y el disfrute parece ser lo único que queda. Y los demás siguen con sus vidas, sudando por conseguir el pan del día, el dinero del arriendo, la cuota del carro o las vacaciones de cada año en Miami, según el caso.

Ayer, en una de esas salidas a trotar que tanto bien me hacen porque me despejan la mente, caí en cuenta de todo esto (qué tontería, dirá usted, eso es sentido común), y de que la consecuencia directa de la falta de éste deseo ardiente es una vida plana, tal vez mediocre. Y decidí que la ambición, bien entendida, no es mala.

Ahora queda otro dilema por resolver: cómo ser ambicioso sin amargarse la vida.

Seguiré trotando.

2 comentarios:

Pala Labra dijo...

Es bueno tener algo en mente, un plan, así no sea muy ambicioso. Yo tampoco soy ambiciosa, pero sí estoy pendiente de tener siempre algo que hacer... Sea aprender a hacer algo, dedicar más tiempo a cosas que he dejado relegadas, etc. Son pequeñas cositas que me hacen feliz. (Como el comercial de Bon Yurt, aunque aquí hay más de 2 palabras).

Lo que escribí el domingo puede tener algo que ver con ese tema... Aprovecho para hacer publicidad :P

¡Un abrazo!

Ŧabián dijo...

Pensando en tus palabras recordé que hace muchos años lo que me movía era la sed de conocimiento. Siempre estaba leyendo algo, con ganas de aprender. Habrá que resucitar esa pasión, puede ser mi guía.

Gracias por tu comentario.